La extorsión volvió a sembrar el miedo en el área metropolitana de Barranquilla. Decenas de comerciantes cerraron sus establecimientos tras la difusión de panfletos amenazantes que anunciaban un presunto paro extorsivo, una situación que afectó la actividad económica y obligó a muchos propietarios a priorizar su seguridad sobre sus ingresos.
Los locales comerciales bajaron sus puertas, las calles registraron menor movimiento y cientos de trabajadores vieron afectada su jornada laboral. El temor se convirtió en el principal obstáculo para quienes diariamente sostienen el comercio y generan empleo en la ciudad.
Las autoridades desplegaron operativos de seguridad e iniciaron las investigaciones para establecer el origen de las amenazas. Sin embargo, el impacto ya se reflejaba en varios sectores de Barranquilla y Soledad, donde numerosos comerciantes decidieron no abrir sus negocios por miedo a posibles represalias.
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La crisis vuelve a demostrar que la extorsión continúa golpeando al sector productivo y representa uno de los principales desafíos para la seguridad en el departamento del Atlántico. Cada establecimiento que cierra significa pérdidas económicas, menos oportunidades de empleo y un mensaje de incertidumbre para quienes invierten y trabajan en la región.
En reiteradas ocasiones, el alcalde de Barranquilla, Alexander Char, ha advertido públicamente sobre el crecimiento de este fenómeno y ha reconocido la complejidad que representa combatir las estructuras criminales dedicadas a la extorsión. El mandatario distrital ha solicitado de manera insistente el respaldo del Gobierno nacional, al considerar que la capacidad de las autoridades locales resulta insuficiente para enfrentar un problema que supera el ámbito regional.


