lunes, abril 13, 2026
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Crónica de una tragedia advertida: violencia, muerte y ausencia de autoridad en Cartagena

Lo que debía posicionar a Cartagena como escenario deportivo internacional terminó evidenciando una ciudad que, aunque se merece estos escenarios, está sin control, con fallas graves de seguridad y una respuesta institucional insuficiente.

Previo al partido entre Junior y Palmeiras, la administración del alcalde Dumek Turbay Paz aseguró que todo estaba listo: más de 600 uniformados, logística organizada y garantías para locales y visitantes. Pero tras el pitazo final, la ciudad mostró lo contrario.

Violencia en las calles y reacción tardía

En distintos sectores, especialmente en el sur de la ciudad, se registraron enfrentamientos entre hinchas con armas blancas, palos y botellas, sin que se evidenciara un control efectivo por parte de las autoridades.

Un menor de 16 años terminó herido tras ser atacado por otros jóvenes, mientras que en la Terminal de Transporte presuntos hinchas del Real Cartagena lanzaron piedras contra buses, uno de los cuales terminó incendiado.

La situación escaló aún más con el asesinato de Gabriel Alfredo Acosta Navas, integrante de una barra del Junior, quien fue perseguido y atacado con arma blanca en la avenida El Consulado, minutos después de salir del estadio.

El hombre fue trasladado a un centro asistencial, donde murió horas después por la gravedad de las heridas.

Videos del hecho muestran que la víctima fue agredida incluso cuando ya estaba en el suelo, lo que evidencia la sevicia del ataque y la ausencia de control inmediato.

Además, durante los operativos previos al partido, las autoridades incautaron cerca de 500 armas cortopunzantes en buses de hinchas, un dato que deja en evidencia el alto nivel de riesgo que ya estaba identificado antes del evento.

Inseguridad alrededor del estadio

En los alrededores del Estadio Jaime Morón, asistentes denunciaron robos y situaciones de acoso, incluso una pareja visitante aseguró haber sido rodeada y atacada sin presencia oportuna de la fuerza pública. Esto contradice directamente el discurso oficial de “seguridad garantizada”.

Promesas vs realidad

Mientras desde la Alcaldía se hablaba de una ciudad “lista” y “organizada”, en las calles se vivía desorden, violencia y ausencia de autoridad visible. La presencia anunciada de cientos de uniformados, al parecer, no se tradujo en control real, ni en prevención efectiva de disturbios.

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