Su nombre no es desconocido en muchos campos. En lo público ha sido ministro de Educación, embajador en La Haya, consejero de seguridad. En lo empresarial, estuvo al frente de uno de los gremios petroleros más importantes del país, la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas y, claro, el periodismo no le ha sido ajeno, estuvo al frente del periódico El País de Cali. Es Francisco Lloreda Mera.
La docencia, que tampoco le ha sido distante, la vivirá ahora más de lleno desde la rectoría de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, el claustro bogotano de más de 70 años de existencia y que hoy por hoy está en el camino de poder convivir con la inteligencia artificial, de la cual no la ve como el enemigo de la educación.
Lloreda, con su voz pausada y en una charla tranquila, pero emotiva que tuvo en la Casa Museo Carlos Lleras, la cual administra la Tadeo, habla también del nuevo perfil de estudiantes que se debe tener en la educación superior.
Y así, pausado y en el patio de la antigua casona por las que anduvo el expresidente colombiano Lleras, Francisco Lloreda es claro en hacer el análisis de lo que dejó el gobierno de Gustavo Petro en la educación. Asegura que el nuevo gobierno debe recuperar el Icetex y la alianza con la educación privada. Entrevista.
¿Por qué volver a la vida pública y ahora como rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano?
Independiente del oficio que he estado desempeñando, desde hace muchos años he estado vinculado al sector educativo y creo que el sector educativo es fundamental en una sociedad, y más para Colombia en la coyuntura en la que estamos. Por eso, cuando me invitaron hace más de 2 años a ser parte del consejo directivo de la Jorge Tadeo, acepté, y por eso cuando me propusieron confiarme la rectoría, me pareció no solo honorífico, sino una tarea muy importante por cumplir.
Llega a dirigir la universidad en un momento en donde la educación está muy marcada por el tema de la inteligencia artificial. ¿Cómo vincular la misma?
No hay razón para temerle a la inteligencia artificial en la educación, como tampoco lo hay para estar prevenidos frente a los avances tecnológicos y científicos en general. Lo importante es entenderla y ver cómo se logra incorporar al modelo educativo. Distintas universidades, incluida la Tadeo, ofrecen programas sobre inteligencia artificial para entender el alcance y las distintas aplicaciones que hoy día existen y que continúan creándose prácticamente. Y lo otro es, como lo indico, cómo aprovecharla en el proceso de aprendizaje no solo de los estudiantes, sino de los profesores, y es una labor un poco más exigente por las prevenciones que existen frente a ella. Pero, repito, pretender tapar la incidencia de la tecnología en la sociedad y en la educación es como pretender parar un tsunami con la mano. Es imposible y no tiene ningún sentido. Y por eso nosotros vemos en la innovación, en la tecnología, incluida la inteligencia artificial, una gran oportunidad.
¿Pero cómo hacer para que el número de estudiantes no se baje?
La caída en la matrícula en las instituciones de educación superior en el agregado ha caído por factores tanto coyunturales como estructurales. Coyuntural: la pandemia. Estructural: el cambio en la pirámide demográfica, porque en la medida en que hay unas menores tasas de natalidad a nivel global, incluido en Colombia, tarde o temprano terminamos teniendo menos jóvenes ingresando al sistema educativo y, por ende, a la universidad.
En una sociedad donde cada día somos más longevos, donde hay un acceso casi ilimitado a la información y al conocimiento gracias a las tecnologías, y en un mundo tan cambiante, ¿qué es lo que ocurre? Que hay una necesidad de aprendizaje continuo que no se supedita a un grupo etario de jóvenes. Eso es fundamental entenderlo. Y las instituciones de educación superior lo tienen ya claro, y por eso desde hace varios años, de pronto una década más, se han interesado por ofrecerle oportunidades de aprendizaje a distintos grupos de edad. Y ahí la relevancia que han ido adquiriendo los posgrados, la relevancia que ha ido adquiriendo la educación continua con diplomados, concursos.
¿Hoy entonces el estudiante es variado?
Si entendemos que el estudiante no es únicamente el que sale del colegio y que hay una mayor longevidad, lo que hay es un universo muy amplio, interesado en aprender cosas distintas, de distinta manera, y ahí pues el reto de las universidades es entenderlo y cómo este no es un tema de oferta educativa complementaria sino igual de importante a la tradicional.
¿Riñe la educación virtual con la presencial?
El concepto de presencialidad amerita ser revisado. La presencialidad no es únicamente física. Usted puede estar en un salón de clase o en un laboratorio de cuerpo presente, pero tener la cabeza en otra parte. Al mismo tiempo, usted puede estar vinculado a esa clase a través de la mejor tecnología y estar plenamente concentrado y participando de esa asignatura de una manera mucho más efectiva que el que está sentado ahí.
Eso es importante entenderlo, más cuando hay distintas maneras de aprender y no todos aprendemos de la misma manera. El mismo concepto de presencialidad amerita una revisión. Qué es también con lo que ocurre con distintos modelos educativos. El modelo norteamericano, por ejemplo, en posgrado exige más una presencialidad física en clases que, por ejemplo, el modelo inglés. Aunque ambos tengan un origen anglosajón.
Lo importante es entender que hay distintas maneras de aprender, distintas maneras de enseñar, de transmitir tanto conocimientos como crear habilidades y competencias, que no a todo el mundo le funciona lo mismo. Y lo importante entonces casi que es avanzar hacia unos modelos cada vez más personalizados. Y eso es también lo que aspiramos a hacer en la Tadeo.
¿En qué han avanzado en ese sentido ustedes?
Somos una universidad de carácter formativo. ¿Eso qué significa? Que desde su fundación hace más de 70 años ha querido levantar al máximo las barreras de entrada y que los procesos de admisión sean más una puerta que se abre que una puerta que se cierra, aunque eso demande la universidad procesos de nivelación, entender que los estudiantes vienen de experiencias familiares distintas, unos de Bogotá, otros de afuera, en condiciones económicas distintas con niveles de conocimiento disímiles en unos colegios, y que hay una tarea muy grande de ayudar a terminar de formar para equilibrar y balancear a los estudiantes en su proceso de pregrado.
Eso se mantiene y se va a mantener porque lo que nosotros queremos es, ante todo, cómo eliminamos barreras de entrada que también pasan por lo financiero, en fin, y cómo logramos darle las mayores capacidades a los estudiantes para que puedan al tiempo de llevar a cabo un programa profesionalizante más específico, contar con unas competencias que le permitan atender los cambios cada vez más acelerados que estamos viendo.
Hoy día tenemos un gran desafío y es cómo lograr aprovechar más todo lo que conocemos como extensión universitaria, educación continua, y cómo vamos a afinar la línea de investigación para que en lo posible todas redunden en el beneficio del estudiante.
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Estamos ya cerca de terminar el gobierno. ¿Cómo ve Francisco Lloreda estos 4 años? ¿Qué fue lo bueno en la educación? ¿Qué fue lo malo en el tema de educación?
Seré sincero como siempre. Me cuesta trabajo identificar lo bueno. Lo que el próximo gobierno tiene es un desafío descomunal. Y es volverle a dar a la educación el sitial que se merece bajo un modelo mixto. Colombia necesita tanto las instituciones de carácter oficial como las privadas a lo largo de todo el proceso educativo. Ese modelo mixto es el que le ha permitido a Colombia ir ampliando el acceso a la educación tanto básica, media como también superior. Ahí es fundamental entender que educación pública no es la que ofrecen los gobiernos a los distintos niveles con instituciones o edificios oficiales, con profesores pagados por los gobiernos.
Educación pública en la que también las instituciones privadas ofrecen educación pública. La educación superior es un derecho fundamental que no es absoluto, y es así porque eso en últimas es un bien público, y porque lo que se invierte en educación tiene unos grandes beneficios para la sociedad general, además del individuo, lo que llaman unas externalidades positivas extraordinarias. Y eso debemos tenerlo claro, y de ahí la importancia de entender que tanto en el apoyo a los estudiantes para que estudien como en el apoyo a la investigación, los recursos del Estado deben canalizarse no solo a través de instituciones oficiales, sino también de instituciones de carácter privado.
Si lo que importa es el estudiante, debemos entender que si se le restringen las oportunidades de ir a una institución privada porque no cuenta con los recursos y porque estos solo se canalizan hacia las oficiales, lo que estamos haciendo es restringir la libertad de escoger del estudiante. La educación es el cimiento de la libertad y debemos remover obstáculos y capacitar a los estudiantes, y remover obstáculos significa también que los recursos que buenamente los gobiernos asignan para educación deben ante todo pensar en el estudiante.
¿Qué opina con lo que pasó con el Icetex en este gobierno?
El proceso de marchitamiento del Icetex es un error, independiente de las disfuncionalidades y los desafíos que tuviese la institución, y ojalá un próximo gobierno entienda que si queremos formar ciudadanos con calidad educativa, debemos apalancarnos en un sistema.
¿De qué trata el libro que está por lanzar?
El libro, que será lanzado el 19 de febrero en Bogotá, luego en Cali y en una fecha por determinar en Medellín, busca poner sobre la mesa algunos de los principales temas de discusión del sector de petróleo y gas y el sector energético en general, y poner sobre la mesa una pregunta: ¿vamos de manera inexorable o no aplicarles los santos óleos a la industria del petróleo y gas?
Por eso el libro se llama ‘Los Santos Óleos, Agonía de la industria petrolera en Colombia’. Yo los invito a leerlo. Es un libro que combina lo periodístico con lo académico, porque también lo que he querido es que se entienda no solo la importancia sino las complejidades del sector, pero que las discusiones que se den, que deben darse necesariamente, sean discusiones con mayor información. Porque a veces son de un nivel de superficialidad que raya con lo irresponsable, y si a eso le sumas una carga ideológica y emotiva desbordada, pues se terminan tomando decisiones equivocadas para Colombia en materia energética y la energía fundamental.
De Colprensa.


