Luciana Dangond Farah y Gerónimo Ibarra Cavalli rompieron el silencio después de sobrevivir cerca de 20 horas a la deriva en el mar Caribe, frente a Cartagena. En una rueda de prensa, los jóvenes relataron cómo enfrentaron el frío, el agotamiento y la incertidumbre tras quedar atrapados en el agua luego de que la moto acuática en la que navegaban se quedara sin combustible.
El rescate ocurrió en las cercanías de Barú, donde pescadores lograron encontrarlos con vida después de un amplio operativo de búsqueda en el que participaron la Armada Nacional, la Policía, organismos de emergencia, la Alcaldía de Cartagena y miembros de la comunidad.
Una alarma que terminó en una emergencia
Según contó Gerónimo Ibarra, la moto acuática comenzó a emitir una alarma pocos minutos después de iniciar el recorrido. Al consultar con el responsable del alquiler, recibió la respuesta de que podía continuar porque el combustible alcanzaría para el trayecto.
Sin embargo, la embarcación se quedó sin gasolina poco después y comenzó a ser arrastrada por la corriente.
Los dos permanecieron inicialmente sobre la moto esperando ayuda, pero al ver que nadie llegaba decidieron lanzarse al mar para intentar regresar nadando. La fuerza de la corriente hizo imposible llegar a la orilla y los obligó a permanecer durante horas flotando en aguas abiertas.
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«No teníamos nada»
Durante la noche, ambos observaron helicópteros, embarcaciones y drones que participaban en el operativo de búsqueda. «Gritábamos auxilio y hacíamos señas, pero nadie nos escuchaba», recordó Luciana, quien confesó que uno de los momentos más difíciles fue entender que no tenían ninguna forma de comunicarse.
«No teníamos celular, no teníamos reloj. Llegó un momento en que perdimos completamente la noción del tiempo», relató asegurando que sufrió episodios de ansiedad y que incluso llegó a pensar que no regresarían con vida.
La estrategia que les permitió sobrevivir
Para soportar la noche en el mar, los jóvenes improvisaron una estrategia con sus chalecos salvavidas. Gerónimo explicó que los amarraron entre sí, cruzaron las piernas para conservar el calor corporal y utilizaron los chalecos como apoyo para descansar la cabeza. «Cada tres minutos una ola nos despertaba», recordó.
Al amanecer descubrieron que la corriente los había desplazado hacia las islas del Rosario. Desde ese momento tomaron una decisión: seguir nadando hasta encontrar ayuda. Horas después fueron encontrados por pescadores que alertaron a las autoridades y facilitaron su rescate.


