miércoles, enero 7, 2026
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Vicky Dávila y la campaña del miedo: manipulación a cielo abierto

Vicky Dávila ya no es periodista. Hoy es candidata. Y su estrategia es clara: sembrar miedo para ganar votos. Lo hace de manera ruin y cobarde. En X (Twitter), vincula supuestas declaraciones de Donald Trump con un plan militar en Colombia y asegura que solo su sector político puede “salvar al país”. No informa. Manipula. Condiciona emociones. Esto es campaña política disfrazada de alerta internacional.

El miedo como arma política no es nuevo. Desde la Guerra Fría hasta hoy, líderes han usado amenazas externas para polarizar sociedades, debilitar instituciones y justificar su ascenso al poder. Estudios en psicología política y comunicación estratégica (Lerner & Keltner, 2001; Huddy et al., 2005) confirman lo que Dávila aplica deliberadamente: el miedo distorsiona la percepción, reduce la deliberación racional y arrastra votantes hacia opciones “protectivas”, sin evaluar su plataforma real.

En Colombia, la alarma externa y el pánico electoral han sido tácticas históricas. La diferencia ahora es que la ejecuta alguien que gozó de autoridad mediática, alguien que sabe cómo amplificar su voz. Al inventar un supuesto plan militar estadounidense, Dávila construye un enemigo externo y un gobierno “ineficiente”, generando terror electoral en lugar de debate político.

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La estrategia es cobarde. No hay evidencia de un plan militar ni declaraciones oficiales que la respalden. Pero eso no detiene la maquinaria de pánico. El resultado: manipulación del electorado, erosión de la confianza en las instituciones y debilitamiento del debate democrático.

Gobernar desde el miedo siempre termina mal: polarización, crisis institucional y conflictos internos. La ciudadanía colombiana merece información veraz, análisis crítico y propuestas serias, no sobresaltos fabricados por quien apuesta al terror para arrastrar votos.

Colombia enfrenta retos reales: seguridad, justicia, economía, diplomacia. Transformar el miedo en moneda electoral es oportunismo y cobardía estratégica. Que quede claro: sembrar miedo para ganar elecciones no es liderazgo. Es explotación política de la ciudadanía. Colombia merece dignidad, no sobresaltos.

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