La peste más antigua registrada se identificó en enterramientos de unos 5.500 años cerca del lago Baikal, en Siberia, tras recuperar ADN antiguo de restos humanos. El estudio, publicado el 17.06.2026 en Nature, encontró la bacteria Yersinia pestis en 18 de 46 cuerpos analizados, una proporción que los autores consideran inusualmente alta.
Un brote con una positividad inusual en cuatro cementerios del Baikal
El equipo analizó ADN antiguo preservado, principalmente, en dientes. En cuatro sitios de sepultura próximos al Baikal detectó Yersinia pestis en 18 de 46 individuos examinados, una frecuencia que los investigadores comparan —por su magnitud— con la observada en algunas fosas asociadas a brotes históricos.
Además de la cantidad de positivos, el trabajo describe que los genomas recuperados se ubican muy cerca de la raíz ancestral del patógeno. Los autores interpretan estas variantes como cepas “de transición”: ya podrían provocar enfermedad grave, aunque aún no contaban con el conjunto completo de adaptaciones que más tarde caracterizaría a variantes pandémicas.
Qué sugiere el ADN sobre la forma de enfermar y a quién golpeó más
El estudio reporta un patrón de mortalidad distinto al descrito en otros sitios de cazadores-recolectores de la región donde no aparece la bacteria. En particular, el episodio habría afectado con más fuerza a población joven, con mayor susceptibilidad en niños de 8 a 12 años.
Ruairidh Macleod, genetista evolutivo de la Universidad de Oxford y coautor, explicó que la distribución de los enterramientos apunta a un episodio de alta letalidad en ese grupo etario. Los autores también señalan que las infecciones estaban extendidas entre individuos y que, en algunos casos, murieron al mismo tiempo personas estrechamente emparentadas.
Según el análisis, estas cepas antiguas no tenían un gen asociado con la transmisión por pulgas. El estudio también plantea que tampoco habrían producido las inflamaciones dolorosas en ganglios linfáticos descritas en epidemias históricas posteriores. Pese a la devastación inferida, el registro funerario sugiere que hubo sobrevivientes capaces de enterrar a los muertos, incluso en sepulturas compartidas de hermanos jóvenes.
Marmotas como posible origen y una expansión temprana por Eurasia
Sobre el salto zoonótico, los autores apuntan a las marmotas como posible transmisor inicial. Plantean que el contacto estrecho de estas comunidades con los roedores —una fuente de alimento y presentes en otros sitios mediante colgantes hechos con sus dientes— pudo facilitar el contagio.
Macleod sugirió que la infección pudo ocurrir al manipular una marmota infectada o al consumir carne mal cocida. A partir de ahí, el patógeno habría seguido circulando por transmisión de humano a humano, por ejemplo a través de la tos, en comunidades pequeñas y móviles. El estudio ubica el segundo caso más antiguo conocido entre 5.300 y 5.000 años en Letonia, a unos 5.000 kilómetros del Baikal, un dato que los autores usan para reforzar la hipótesis de un origen en el centro o noreste de Asia y una expansión temprana por Eurasia.















